Voces del otro Mundo

"Delenda est Carthago" "Hannibal ad portas!!"

viernes, 22 de julio de 2011

Sueño es... [TABLA]


Autor:
Tanis
Fandom: Hetalia World Series
Disclaimer: Roma pertenece Hidekaz Himaruya, Cartago a mi.
Claim:
Cartago/Imperio Romano
Tabla Necesitada: #4—Sueño.
Advertencias: Hecho para  [info]musa_hetaliana // Fluff y rosa.

* * *

 

Las nubes dibujan sombras sobre la tierra. La luz se cuela entre las hojas del árbol, perfilando un estampado oscuro en la hierba esmeralda, cuajada de rocío por la mañana. Hierba verde y fresca, que te hace respirar como si no tuvieras  nada en que pensar, solo mirando los algodones blancos en el cielo turquesa. Algunas aves pían cerca, sobre sus cabezas, anidando en la copa. Se oyen polluelos. Y un cuco también.



Aun es de mañana, apenas las ocho. Y el sol ya ha tomado su color amarillo pero no calienta todavía. La brisa acaricia muy suave, son sus manos sobre la piel. Le hacen entreabrir los labios, suspirando mientras cierra los ojos despacio y se deja llevar por el tiempo, lejanamente hacia el vacío. Tan solo él allí, con la cabeza apoyada en el tronco del árbol, sentado contra él mientras mira a la infinidad, dejando pasar las cosas.



Con Roma sobre el regazo. Medio dormido, ronroneando a medias cada vez que Cartago le acaricia el pelo, luego el cuello. Y a ratos le observa, intercalando con las nubes blancas y el cielo. Si bien igualmente piensa que no se pueden comparar el uno con el otro.



Roma murmura cosas que no logra  oír, cosas que le suenan a gruñidos débiles pero encantadores. Cuando duerme se le hace todo encantador. Endiabladamente adorable. Ya lo ha notado antes ciertamente, que Roma dormido es un gatito delicado, esponjoso, que le dan ganas de tenerlo en brazos todo el tiempo. Por eso a veces suspira cuando se despierta, porque vuelve a ser el mismo hombre por momentos irritante, hiperactivo y molesto de siempre. Aunque le guste tanto esa faceta suya como la opuesta.



Su pelo es suave, ensortijado. Y lo acaricia despacio, pasando los dedos por los mechones, mientras escucha el ruido que emite Roma cuando lo hace. No es un gemido, más bien un, eso es, un ronroneo, arrancado desde el fondo de la garganta. Le gusta oír eso. Como también le gusta tener medio cuerpo romano sobre el regazo. Está caliente y puede sentir los latidos de su corazón muy tenuemente contra la piel. Y los estertores, los pequeños murmullos y los gruñidos de estómago. Todo.



Oh Joder, le cuesta imaginarlo a la cabeza de una legión, aplastando todo lo que alcanzaba su paso.



Poco a poco, la gotitas sobre los tallos se secan y la brisa se vuelve más caliente. Se oyen algunos revoloteos y el cuco se calla. Roma tiembla un poquito, encogiéndose quizá y abre los ojos, lento. No se había dormido realmente, pero tampoco había estado totalmente despierto. Se queda un ratito así, apoyado en Cartago, hasta que se endereza, apoyando las manos en la hierba, risueño. Cartago ladea la cabeza y le mira a su vez, pensando que Roma aun parece un cachorro a la espera de que le rasquen detrás de las orejas.



Cosa que hace, de cierta forma, alzando la mano y acariciándole el pelo, provocando que reprima un gemido de satisfacción. Sólo él es capaz de sacarle a la luz ese lado dulce, de pequeños gestos que dicen más que palabras.



—Buenos días —un susurro inocente suyo cerca de los labios le hace vibrar la piel, conteniendo un escalofrío repentino. Parece un beso hablado.



Le mira de cerca, bien de cerca, a ese color ámbar brillante, chispeante y que adora. En silencio, murmurando solo un “Buenos días” que se pierde entre el rumor de las hojas movidas por el viento.



Los dos saben que ahora mismo actuar vale más que hablar. Tan solo Roma acorta un centímetro y le roza, suave, delicado, derritiendo a su paso la carne. Todo labios y un poquito de lengua. Enredados. Sin hacerse más fuertes, tan solo el uno junto al otro.



Suspiran a la vez y notan… porque notan, que el sol empieza a quemar. Bastante. Y que no es sólo un sueño.


No tienen sueño, nada.




No hay comentarios:

Publicar un comentario